Cuando visitamos una exposición en una galería de arte, un centro cultural o un museo, las obras están presentes para ser observadas por el público. Bien sobre el suelo o en una peana, las esculturas permanecen inmóviles ante la mirada del espectador. Este mira su contorno, el material y el color, que es lo que la obra exhibe, en definitiva el trabajo del escultor, pues quizás sea el aspecto más íntimo de la pieza. No obstante la escultura puede dar más de sí y mostrar lo que ella ve. Ahora, es una cámara oscura dotada de una pantalla traslúcida y un espejo interno. Ahora, es ella la que observa, brindándonos la oportunidad de acercarnos físicamente a su figura. Ahora, se ha fusionado con la fotografía para ver en su interior y mostrarnos el medio en el que habita de manera transitoria o permanente.
El concepto de escultura se mantiene, y aunque seguimos hablando de tres dimensiones "matéricas", aparece anta nuestros ojos una cuarta dimensión espacio-temporal. La escultura permanece inmóvil, pero su interior nos muestra otra realidad que varía en función de lo que tiene delante de ella y la luz del entorno.
La obra representa un ave como ser libre, que sobre "La habitación del tesoro encerrado" (así llamaba el filósofo Mo-ti a la cámara oscura) reflexiona sobre la situación del arte y la cultura, mostrándonos una realidad a veces nítida y en otras ocasiones velada.
De vez
en cuando surgen noticias relacionadas con el arte o la cultura, ¿curioso
verdad? He de decir, que está bien, todo está bien. ¡Que se hable de arte,
aunque se hable mal! Algo tan sublime como la escultura ocupa espacio en los
informativos de radio y televisión, párrafos en prensa digital, escrita y, por
supuesto tiempo de conversación y debate.
Nos
encontramos con la famosa escultura realizada por un escultor italiano que no
podemos ver y con incorporaciones de arte urbano en la ciudad de Barcelona que
han sido muy criticadas. Lo triste de todo esto, es en sí la propia crítica y
de dónde sale, pues la mayoría de las veces nos fijamos más en la afiliación política
del autor o promotor que en la obra…
Estamos
en un país en el que la mayoría sabe de fútbol, de política, de economía, y…
por supuesto de arte, pero ante un debate serio con cierta formación, las
críticas se diluyen como arena entre los dedos.
¡Por
supuesto que todo el mundo tiene derecho a opinar! Puede haber personas que
piensen que el cuadro de Las Meninas de Velázquez sea una porquería, que sea
cursi, que esté mal pintado o que falle su composición. Quizás nos encontremos
con gente que crea que Miguel Ángel no era buen escultor, y que su "David” es
una obra pornográfica y desproporcionada.
¿Qué
valor tienen esas opiniones?
En
ningún momento quiero comparar la obra de Miguel Ángel con la de Susana Solano
o la de Velázquez con la de Nuria Ricart, ya que sería completamente absurdo.
Hablamos de conceptos y épocas diferentes.
De Nuria
Ricart, apenas tengo referencias (me pongo deberes), pero a Susana Solano ya la
estudiábamos hace más de treinta años. Ella es una de las escultoras referentes
de las últimas décadas en España.
Como
todo en esta vida, te puede gustar más o menos, puedes tener unas preferencias
u otras, pero lo que no podemos pasar por alto, es la importancia que ha tenido
y tiene el trabajo de dicha escultora a nivel nacional e internacional.
No se
trata de gustos, o por lo menos no debería ser así, se trata de intentar
abarcar un poco más, abrir, si, abrir los ojos, pues cuando se abren de verdad,
es la mente la que se pone a funcionar...
Puedo
estar equivocado o ser un completo ignorante, pero no puedo negar la evidencia.
Susana
Solano es testimonio de la escultura dentro y fuera de nuestras fronteras y eso
merece un respeto, aunque al igual que pasa con grandes artistas de la
historia, no todo lo que hacen tiene porqué ser bueno, cualquier artista tiene
obra mediocre, aunque con esto no quiero decir que la obra recientemente
instalada en Barcelona lo sea. Personalmente, me gusta, no así tanto la intervención
de Nuria Ricart.
El
problema que tengo con obras como las de Ricart, es simplemente que me cuesta
identificarlas como escultura. Intervenciones o instalaciones de este tipo con
más o menos acierto artístico en el que se colocan determinados elementos para
conformar la obra, los veo como eso mismo, «intervenciones». Puede que estas
sean sensacionales, que tengan un gran valor artístico o que su aspecto
comunicativo llegue al público de una manera sorprendente, pero desde mi punto
de vista están lejos del concepto «escultura».
Trabajos
de este tipo ocupan por lo general un espacio tridimensional y, por lo tanto,
puede que esto nos lleve a engaño. No todo lo que tiene tres dimensiones es
escultura, ni lo que tiene dos, pintura. No hay música sin afinación, sin
sentido en las notas, ni orden en la composición. El ruido no es música ni el
volumen escultura.
Por
otro lado, cuando un artista interviene sobre una escultura de otro autor,
generando una obra nueva, ¿a quién pertenecería el concepto escultura? ¿podría
llegar a desaparecer este término para convertirse en instalación?
Si
bien, «La Venus de los trapos» de Pistoletto está conformada por una copia de
Praxiteles y una montaña de trapos, me cuesta entenderlo como escultura. Parece
una contradicción, algo sin sentido el que un espacio donde existe la escultura
no sea considerado como tal. Podría llamarlo «conjunto escultórico», pero
francamente, me cuesta.
Me
cuesta entender como escultura, una serie de tumbonas colocadas en una galería
de arte, un montón de bicicletas apiladas o cientos de libros formando un muro.
Algunos casos de estos, pueden estar llenos de sensibilidad o crítica, nos
pueden parecer poesía, pero ¿qué le parecería al poeta? Quizás estén cargados
de sentimientos o emociones, pero ¿dónde está el verso, la prosa, las letras o
las pausas? ¿Es realmente poesía o una emoción?
Me
cuesta entender y me parece ofensivo llamar escultura a un vaso con agua
colocado en una peana o una “obra invisible”.
Me
cuesta entender como escultura dotar de color a piedras, pintar un bosque,
cubrir con telas edificios o llenar una piscina con alambre de espino y, sobre
todo…
Me
cuesta entender la escultura sin la intervención del escultor, sin apreciar el
oficio, las horas de taller, las manos manchadas, el sello del autor, la
materia vencida y el espacio domado.
Desde
hace tiempo vengo observando de camino al trabajo, en viajes por carretera y en
paseos por las calles de mi ciudad, un detalle del que desconozco si al común
de los mortales les ha pasado desapercibido o, por el contrario, también han
sido testigos del mismo.
Todos
estamos de acuerdo en que las normas de circulación están hechas para ser
respetadas y es precisamente ese respeto el que hace que la siniestralidad sea
cada vez menor.
Curioso,
o por lo menos paradójico, me resulta ese detalle que tengo presente a menudo
en mi cabeza, pues un vehículo destinado a la ayuda de los conductores (por lo
general vinculado a un seguro) es el protagonista de esta carta.
Me
llama poderosamente la atención la forma de muchas grúas y su plataforma
destinada a recoger medios de transporte averiados. Un diseño que en su parte
trasera termina en una cuña para que sea más accesible la subida del vehículo
en cuestión.
A
veces, incluso el mejor diseñador o el ingeniero más sobresaliente se pueden
equivocar, como yo mismo en numerosas ocasiones, pero como dice el dicho,
“rectificar es de sabios”.
Ver ese
saliente en la grúa cuando esta, está aparcada, produce respeto, pero tenerlo
cerca cuando te la encuentras en carretera da pánico. Tan solo hemos de
imaginar un “volantazo” con tráfico denso y tener a la altura de la nariz o el
cuello esa cuña. Desconozco cuantos accidentes o muertes habrán provocado este
tipo de grúas (he de decir que no son todas), quizás ninguno, pero esto no
significa que sea un riesgo extremo. Si yo voy con mi coche y sobresale de mi
maletero algún objeto, probablemente me multen por poner en riesgo a otros
conductores…
Me
podrán decir que soy un exagerado, pero si con mi exageración puedo ayudar a
evitar un solo siniestro, estaré tranquilo.
Estimados
responsables de la DGT, tan solo les pido que revisen el diseño de ciertos
vehículos, algo que ha observado un ciudadano cualquiera.
Les
adjunto una fotografía, pues una imagen vale más que 343 palabras.