Escultura, Arte y Música

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jueves, 28 de mayo de 2026

Memoria de Luz

 


Regreso al Palacio de los Verdugo para presentar una nueva parada que, en cierta medida, cierra un ciclo expositivo: un camino que comenzó con el dibujo, continuó con la escultura y que hoy tiene a la fotografía como protagonista.

Hace exactamente un año, en este mismo espacio, mi propuesta invitaba a caminar entre trazos de lápiz por paisajes naturales de diversas estaciones. Meses después, a pocas calles de aquí, propuse al espectador sumergirse en el entorno urbano a través de la escultura. Ahora, las fotografías que ocupan estas paredes unifican y entrelazan ambas experiencias.

De los paseos, los viajes, las huidas o los trayectos cotidianos surgen instantes —aquellos «momentos decisivos» de Cartier-Bresson— que capturan nuestra mirada y quedan latentes, a la espera de ser revelados.

Coincidiendo con el bicentenario de la primera fotografía permanente de Niépce, esta disciplina ha vivido una metamorfosis radical. Tras un primer siglo de experimentación técnica fundamental, la evolución no ha dejado de acelerarse. Sin embargo, aunque la tecnología actual facilita el proceso, este proyecto vuelve la vista hacia los orígenes, rescatando procedimientos históricos como la cianotipia, creada por Sir John Herschel en 1842 y popularizada por Anna Atkins, considerada la primera fotógrafa de la historia.  

Esta muestra bebe de dos fuentes: el espíritu de las Misiones Heliográficas del siglo XIX, que entendía la imagen como un archivo imprescindible de la memoria, y el Pictorialismo, que la reivindicó como arte elevado a través de la intervención manual, los virados y las texturas. Aquí confluyen ambos mundos: el rigor del documento y la atmósfera lírica del autor.

El proceso técnico hibrida tiempos y herramientas: las imágenes, capturadas con cámaras analógicas y digitales, han sido procesadas digitalmente para obtener el negativo con el que se realiza el positivado artesanal en cianotipia. Como cierre y ventana al futuro, la exposición se completa con una obra generada mediante inteligencia artificial.



Adaja-Ávila


Almeria


Archivo-Ávila


Ávila-IA


Ávila


Barca


Braga


Braga


Brujas


Camino


Candelario


Catedral-Ávila


Donosti


Gerona


Hondarribia


Iglesia de Santa Teresa-Ávila


Madrid


Costa


Nave


Pabellón


Palacio de los Verdugo-Ávila


Palacio de Polentinos-Ávila


Playa de las catedrales


Por el sur
 

Catedral de Santiago


Mar de plásticos-Valle Amblés


Vías


lunes, 10 de noviembre de 2025

From the cradle // Santiago López


Esta entrada titulada «From the cradle» está dedicada a cualquier tendencia artística que se crea o se genera en Ávila. En este caso y aunque con cierto pudor, me tomo la libertad de presentaros mi última exposición que, tal como indica el título del post, comienza casi desde la cuna.

Así pues, te animo a visitar la exposición que se podrá ver durante un mes en el Palacio Los Serrano de Fundación Ávila. En esta ocasión y tras la exhibición de dibujos de hace unos meses, regreso a las tres dimensiones, con una serie de esculturas que espero sean de tu agrado.

De las primeras figurillas con plastilina en las que representaba cuadros de los grandes pintores, escenas de la vida cotidiana y de las películas de las tardes de sábado… En el buró castellano de mi habitación compartían espacio unas rechonchas monjitas velando el cuerpo de su priora (que bien podría ser nuestra más universal escritora), un sheriff, aquel viejo vaquero con sus grandes bigotes, chaleco amarillo y su caballo, una escena en la que Hitler, subido a un pedestal, observaba sus atrocidades o el mismísimo Beethoven con su piano de cola, además de otras pequeñas piezas y personajes que hacían volar mi imaginación. Algo se estaba fraguando…

No tengo la más mínima duda de que fue en ese momento cuando todo empezó, cuando aquel chico reservado miraba con emoción a su madre y a su hermano pintar en el hogar, cuando asistía frecuentemente a las exposiciones “del Grande y del Pasaje” mientras sus amigos veían los partidos de fútbol los domingos por la tarde, anhelando convertirse algún día en escultor y tener la oportunidad de exhibir su obra.

Del recuerdo al olor a trementina, de las ganas, de la ilusión, del barro o la escayola, de la forma orgánica y de la ingenuidad más pura, del volumen con trazos suaves y redondeados, con oquedades y formas casuales realizadas con la inocencia del principiante o del dejarse llevar por el eclecticismo, por la herramienta en unas manos inexpertas y frágiles o, de las habituales visitas a la chatarrería cercana a la «Escuela de Artes y Oficios» y de las esculturas de lectura fácil y amables para el observador. ¿Dónde quedaron aquellas obras virginales, origen de esta exposición? Si bien muchas de ellas han desaparecido físicamente, permanecerán siempre en la memoria.

Han pasado «algunos años» y algún que otro camino recorrido. De mi primera exposición de escultura allá por 1988, en la que compartían espacio un trozo de muro, el cráneo de un rinoceronte con su esqueleto de tetracero pintado de rojo, varios peines estelares hechos en madera y hierro, mis primeras piezas en metal soldado, así como media docena de esculturas hechas en diversos materiales en los que empezaba a trabajar o el Indio Jou, que vigilaba el lugar, ya no queda apenas nada.

Hoy las obras son diferentes; las formas orgánicas y las líneas casuales carentes de ángulos, se han transformado en una sucesión de líneas y planos estudiados que construyen un mundo imaginario nuevo. El vacío dejado adquiere tanta importancia como el propio material, y las esculturas convertidas en proyectos arquitectónicos soñados son lugares donde el espectador y el escultor se sienten pequeños al imaginarse caminando entre las sombras proyectadas y el interior de las obras. La escultura es la excusa, es la fuente donde fijar la mirada, pero no es tanto buscar una explicación, un significado o un parecido a la forma, sino hacernos abrir nuestra mente y dejarnos llevar, tan solo dejarnos llevar…


 

sábado, 19 de julio de 2025

From the Cradle // Emilio Sánchez

 


Hace unos cuarenta años que, (en aquella escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos), conocí a Emilio Sánchez. Por aquel entonces yo daba mis primeros pasos en este mundo de la escultura.

No recuerdo exactamente la fecha, pero lo que sí que guardo en la memoria es una exposición suya en la que la madera era la protagonista. Figuras realizadas con pedazos de madera, listones o retales que habían salido de un taller de carpintería y que otros habrían eliminado o guardado para echar a la estufa. Obras encoladas, ensambladas o clavadas, que envolvían el espacio imaginado por el autor. Estas esculturas ya tenían ese toque de Emilio, ese elemento que le diferenciaba de otros escultores y que le hacían único…

Ha pasado mucho tiempo y el trabajo de Emilio ha ido madurando, pero continúa con ese aspecto que le caracteriza, sigue siendo su obra.

Como podemos contemplar en la exposición de «Los Serrano» el autor nos muestra su trabajo en el que, desde hace ya tiempo, incorpora un dialogo entre mariales. Combina la madera con el metal, la piedra, el cristal u otros elementos, pero siempre guardando su sello.

En ocasiones, nos puede parecer chocante ese dialogo entre materiales y, es precisamente ese choque, el que hace aún más atractiva la obra, otras veces al observar con detenimiento ciertas piezas, descubrimos una intensa conversación entre la piedra, la madera o el metal, que nos lleva directamente a la escultura. No voy a negar que, en numerosas ocasiones, la casualidad nos brinda maravillosas sorpresas, pero no siempre es así. A Emilio siempre le ha gustado la materia virgen, y como buen amante de la observación y la naturaleza, los elementos puros. En este sentido es fácil adivinar que siempre trata de transmitirlo en sus obras, conservando su forma original, él tan solo descubre del interior de la misma, ese rostro que muestra ante nosotros. En ocasiones aplica a la pieza color, con el objetivo de guiarnos en la visión de la escultura, a veces esa policromía nos revela un estado de ánimo, unas emociones que cada espectador siente de manera diferente.

El juego con la forma y el color y la necesidad de seguir expresando lo que tiene dentro, le lleva a Emilio Sánchez a introducirse en la pintura, pero no abandonando nunca el arte de las tres dimensiones.

En definitiva, la materia y su mundo, Emilio Sánchez en estado puro…