Escultura, Arte y Música

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domingo, 27 de marzo de 2022

Pátinas I

 

La Real Academia Española de la lengua define pátina como «una especie de barniz duro, de color aceitunado y reluciente, que por acción de la humedad se forma en los objetos antiguos de bronce», también lo describe como «el tono sentado y suave que da el tiempo a las pinturas al óleo y otros objetos antiguos, el tono semejante a la pátina, obtenido artificialmente o el carácter indefinible que con el tiempo adquieren ciertas cosas».

Cualquier material es susceptible para aplicarle una pátina de forma voluntaria, pero por lo general son los materiales «menos nobles» los que se cubren con un acabado diferente al suyo propio. No obstante, en el caso del bronce y otros metales, es habitual usar diferentes ácidos para obtener diferentes tonalidades. Bajo una fina capa de pigmentos, pan de oro, colas, ceras o barnices, se oculta la escayola, yeso, cartón, resina, cemento o madera con la que el escultor ha creado su obra, pero, ¿por qué hacerlo?
Todos los que nos dedicamos a la escultura hemos aplicado de una u otra forma este término a nuestras creaciones y son numerosas las razones para hacerlo como por ejemplo el uso de materiales relativamente económicos para hacer un boceto o una obra final con un acabado realmente sorprendente. Esta terminación no tiene porqué parecerse o imitar un material en concreto, simplemente se trata de rematar la escultura. Sin embargo, hay ocasiones en las que dar apariencia de bronce, acero o piedra a una pieza de yeso, es imprescindible para presentar la obra.

Un material humilde como la escayola puede convertirse en el mármol más puro gracias a unos simples polvos de talco y en bronce o acero si se aplica otra técnica. Insisto, no se trata de ocultar un material, si no de potenciar el acabado.

Podríamos diferenciar varios tipos de pátinas.
La que imita materiales envejecidos como el bronce, hierro, madera…
La que simula elementos pétreos como el granito, mármol, o metálicos como el latón o el oro…
Las pátinas aplicadas a metales férreos, a bronces y latones.
La pátina libre, que no busca aparentar otro material o, por el contrario, la que busca un efecto realista de la obra (esta última está más cerca de la policromía).

Existen innumerables técnicas de envejecimiento que pueden ser aplicadas sobre cualquier material. Elegir una de ellas dependerá de la decisión del autor. 
Dentro de estos grupos, habría que diferenciar entre la imitación o el aceleramiento de un acabado. No es lo mismo dar una terminación óxido mediante anilinas, pinturas industriales, aceites o pigmentos, que un acelerado de oxidación por medio de ácidos, con los que podemos conseguir numerosos efectos, o natural, gracias a la lluvia, el sol o el aire. Todo es cuestión de tiempo y es precisamente el tiempo lo que más se acerca al término pátina.

Si hay algo que me atrae de una manera brutal, es la imagen de las esculturas que inundan algunos cementerios o jardines y no es precisamente por la forma ni el estilo de las mismas, es simplemente por el aspecto decadente, los blancos más puros convertidos en grises y negros, piezas de granito cubiertas de un manto de verdín y musgo. ¡Pátina en su más absoluta definición! ¡He aquí la grandiosidad de la pátina!
Puede parecer una exageración, pero no lo es.

Amo la escultura, pero no significa que me atraiga todo tipo de estilos o tendencias. Si bien soy un enamorado de la escultura griega o del Renacimiento, no significa que el Neoclásico lo tenga entre mis preferencias, pero es ese Neoclásico decadente y las esculturas de este tipo que adornan estos entornos las que me apasionan, las que no se encuentran en los museos ni en los palacios, las que en muchas ocasiones están carentes de firma, las que se localizan en jardines abandonados o acompañando a nuestros antepasados.
Ahora bien, considero que todo es fruto de la formación recibida.
Tenemos interiorizadas imágenes con un aspecto monocromo. Si en realidad mucha de la escultura clásica en mármol fue policromada, lo que hoy conocemos como «puro material» y ausencia de color, ¿sería la pátina? ¿Cómo cambiaria nuestro concepto de escultura y la arquitectura con la aparición del color? Incluso el significado de pátina sería otro. Conocemos numerosas esculturas en bronce que se «entregaron» pulidas, con estampa dorada, brillante y aparente sutileza. Hoy tienen otro aspecto, la forma no ha cambiado, tan solo ha pasado el tiempo por ellas, presentando tonos verdosos o pardos que imprimen otro carácter. Probablemente nuestra idea, concepto o educación con respecto al arte sería diferente. Es el material el que nos cuenta una historia, pero es la imagen que retenemos en nuestra mente la que nos proporciona otra bien distinta. ¿Esculturas de estilo Neoclásico con sus blancos puros serían como hoy las conocemos? Me cuesta imaginar el deterioro pétreo que me tiene enamorado, en una obra repleta de color, aunque probablemente y haciendo un esfuerzo mental, el resultado sería interesante. Otro bien distinto, pero interesante.

Volviendo al término pátina y a su significado, no deberíamos centrarnos tan solo en el proceso de aparente deterioro de la escultura. Una obra recién salida del taller, puede tener tantas lecturas como acabados tenga y, es este acabado el sello de la obra. Uno de los aspectos de la pátina, es que cuando hablamos de ella, hablamos de diferentes tonalidades e incluso textura en una misma pieza, por lo tanto, pinturas, lacas o pulidos no entran en este contexto, pero… ¿Una escultura de madera lacada en blanco es igual a otra a la que aplicamos una terminación a base de pintura y carbonato cálcico? ¿Podríamos denominar a esta última como pátina? Aparentemente la terminación puede ser muy parecida, pero la segunda tiene ese carácter al tacto que denota su paso por la mano del ejecutor del acabado, frente a la primera que, a pesar de estar realizada por el mismo, tiene un «toque» un tanto industrial. Algo parecido pasa con el decapé (decapado), pues a base de lija eliminamos parte de laca o pintura de una superficie, generando un aspecto envejecido, convirtiéndolo así en pátina.
Como decía anteriormente, el escultor es el que decide cómo acabar su obra, y los motivos pueden ser muy variados.
Dejando de lado el puro valor estético, existen razones de peso que la mayoría de las personas desconoce o no se han planteado. No se trata de desvelar ningún misterio, pues no lo hay, simplemente es sentido común. A veces, un material tan sencillo como el Dm, puede convertirse en la más elegante de las esculturas, pero francamente, su acabado sin tratar es bastante mediocre. Lo que sí que tiene es, que es formidable para aplicarle diferentes pátinas y efectos. Otras veces, la propia madera nos «regala» un nudo o un defecto de veta que no nos queda más remedio que arreglar, bien con masilla o con otra pieza de madera, lo que puede hacer que nos distraiga la visión general de la obra.

Esculturas en cemento, resina o piedra artificial requieren de una pátina, pues es el propio material el que en ocasiones lo pide a gritos. Ocultar el material con el que está realizada una determinada obra, no significa que el escultor trate de engañar a nadie, pues en la ficha técnica o memoria descriptiva de la misma, el autor lo deja bien claro. Realizar una pátina determinada, no significa necesariamente «un quiero y no puedo», es decir, acabado de bronce, que sea bronce, acabado de piedra, que sea piedra… Precio, peso, rapidez o cuestiones técnicas, son solo alguna de las razones que tenemos que tener presentes, pero siendo realistas, a veces una pátina mal planteada o ejecutada, puede distraer y romper el volumen de la obra.
En siguientes «post», me centraré en algunas pátinas en concreto, la diferencia con las veladuras y continuaré analizando conceptos diversos sobre el tema.
De momento, os presento una serie de esculturas con diferentes terminaciones.












miércoles, 16 de febrero de 2022

"La habitación del tesoro encerrado"

Cuando visitamos una exposición en una galería de arte, un centro cultural o un museo, las obras están presentes para ser observadas por el público. Bien sobre el suelo o en una peana, las esculturas permanecen inmóviles ante la mirada del espectador. Este mira su contorno, el material y el color, que es lo que la obra exhibe, en definitiva el trabajo del escultor, pues quizás sea el aspecto más íntimo de la pieza. No obstante la escultura puede dar más de sí y mostrar lo que ella ve. Ahora, es una cámara oscura dotada de una pantalla traslúcida y un espejo interno. Ahora, es ella la que observa, brindándonos la oportunidad de acercarnos físicamente a su figura. Ahora, se ha fusionado con la fotografía para ver en su interior y mostrarnos el medio en el que habita de manera transitoria o permanente.

El concepto de escultura se mantiene, y aunque seguimos hablando de tres dimensiones "matéricas", aparece anta nuestros ojos una cuarta dimensión espacio-temporal. La escultura permanece inmóvil, pero su interior nos muestra otra realidad que varía en función de lo que tiene delante de ella y la luz del entorno.

La obra representa un ave como ser libre, que sobre "La habitación del tesoro encerrado" (así llamaba el filósofo Mo-ti a la cámara oscura) reflexiona sobre la situación del arte y la cultura, mostrándonos una realidad a veces nítida y en otras ocasiones velada.
















miércoles, 10 de noviembre de 2021

Escultura. ¿Qué es?

 

De vez en cuando surgen noticias relacionadas con el arte o la cultura, ¿curioso verdad? He de decir, que está bien, todo está bien. ¡Que se hable de arte, aunque se hable mal! Algo tan sublime como la escultura ocupa espacio en los informativos de radio y televisión, párrafos en prensa digital, escrita y, por supuesto tiempo de conversación y debate.

Nos encontramos con la famosa escultura realizada por un escultor italiano que no podemos ver y con incorporaciones de arte urbano en la ciudad de Barcelona que han sido muy criticadas. Lo triste de todo esto, es en sí la propia crítica y de dónde sale, pues la mayoría de las veces nos fijamos más en la afiliación política del autor o promotor que en la obra…

Estamos en un país en el que la mayoría sabe de fútbol, de política, de economía, y… por supuesto de arte, pero ante un debate serio con cierta formación, las críticas se diluyen como arena entre los dedos.

¡Por supuesto que todo el mundo tiene derecho a opinar! Puede haber personas que piensen que el cuadro de Las Meninas de Velázquez sea una porquería, que sea cursi, que esté mal pintado o que falle su composición. Quizás nos encontremos con gente que crea que Miguel Ángel no era buen escultor, y que su "David” es una obra pornográfica y desproporcionada.

¿Qué valor tienen esas opiniones?

En ningún momento quiero comparar la obra de Miguel Ángel con la de Susana Solano o la de Velázquez con la de Nuria Ricart, ya que sería completamente absurdo. Hablamos de conceptos y épocas diferentes.

De Nuria Ricart, apenas tengo referencias (me pongo deberes), pero a Susana Solano ya la estudiábamos hace más de treinta años. Ella es una de las escultoras referentes de las últimas décadas en España.

Como todo en esta vida, te puede gustar más o menos, puedes tener unas preferencias u otras, pero lo que no podemos pasar por alto, es la importancia que ha tenido y tiene el trabajo de dicha escultora a nivel nacional e internacional.

No se trata de gustos, o por lo menos no debería ser así, se trata de intentar abarcar un poco más, abrir, si, abrir los ojos, pues cuando se abren de verdad, es la mente la que se pone a funcionar...

Puedo estar equivocado o ser un completo ignorante, pero no puedo negar la evidencia.

Susana Solano es testimonio de la escultura dentro y fuera de nuestras fronteras y eso merece un respeto, aunque al igual que pasa con grandes artistas de la historia, no todo lo que hacen tiene porqué ser bueno, cualquier artista tiene obra mediocre, aunque con esto no quiero decir que la obra recientemente instalada en Barcelona lo sea. Personalmente, me gusta, no así tanto la intervención de Nuria Ricart.

El problema que tengo con obras como las de Ricart, es simplemente que me cuesta identificarlas como escultura. Intervenciones o instalaciones de este tipo con más o menos acierto artístico en el que se colocan determinados elementos para conformar la obra, los veo como eso mismo, «intervenciones». Puede que estas sean sensacionales, que tengan un gran valor artístico o que su aspecto comunicativo llegue al público de una manera sorprendente, pero desde mi punto de vista están lejos del concepto «escultura».

Trabajos de este tipo ocupan por lo general un espacio tridimensional y, por lo tanto, puede que esto nos lleve a engaño. No todo lo que tiene tres dimensiones es escultura, ni lo que tiene dos, pintura. No hay música sin afinación, sin sentido en las notas, ni orden en la composición. El ruido no es música ni el volumen escultura.

Por otro lado, cuando un artista interviene sobre una escultura de otro autor, generando una obra nueva, ¿a quién pertenecería el concepto escultura? ¿podría llegar a desaparecer este término para convertirse en instalación?

Si bien, «La Venus de los trapos» de Pistoletto está conformada por una copia de Praxiteles y una montaña de trapos, me cuesta entenderlo como escultura. Parece una contradicción, algo sin sentido el que un espacio donde existe la escultura no sea considerado como tal. Podría llamarlo «conjunto escultórico», pero francamente, me cuesta.

Me cuesta entender como escultura, una serie de tumbonas colocadas en una galería de arte, un montón de bicicletas apiladas o cientos de libros formando un muro. Algunos casos de estos, pueden estar llenos de sensibilidad o crítica, nos pueden parecer poesía, pero ¿qué le parecería al poeta? Quizás estén cargados de sentimientos o emociones, pero ¿dónde está el verso, la prosa, las letras o las pausas? ¿Es realmente poesía o una emoción?

Me cuesta entender y me parece ofensivo llamar escultura a un vaso con agua colocado en una peana o una “obra invisible”.

Me cuesta entender como escultura dotar de color a piedras, pintar un bosque, cubrir con telas edificios o llenar una piscina con alambre de espino y, sobre todo…

Me cuesta entender la escultura sin la intervención del escultor, sin apreciar el oficio, las horas de taller, las manos manchadas, el sello del autor, la materia vencida y el espacio domado.

Me cuesta tanto…

Maneja el término con cuidado...



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