Escultura, Arte y Música

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miércoles, 10 de noviembre de 2021

Escultura. ¿Qué es?

 

De vez en cuando surgen noticias relacionadas con el arte o la cultura, ¿curioso verdad? He de decir, que está bien, todo está bien. ¡Que se hable de arte, aunque se hable mal! Algo tan sublime como la escultura ocupa espacio en los informativos de radio y televisión, párrafos en prensa digital, escrita y, por supuesto tiempo de conversación y debate.

Nos encontramos con la famosa escultura realizada por un escultor italiano que no podemos ver y con incorporaciones de arte urbano en la ciudad de Barcelona que han sido muy criticadas. Lo triste de todo esto, es en sí la propia crítica y de dónde sale, pues la mayoría de las veces nos fijamos más en la afiliación política del autor o promotor que en la obra…

Estamos en un país en el que la mayoría sabe de fútbol, de política, de economía, y… por supuesto de arte, pero ante un debate serio con cierta formación, las críticas se diluyen como arena entre los dedos.

¡Por supuesto que todo el mundo tiene derecho a opinar! Puede haber personas que piensen que el cuadro de Las Meninas de Velázquez sea una porquería, que sea cursi, que esté mal pintado o que falle su composición. Quizás nos encontremos con gente que crea que Miguel Ángel no era buen escultor, y que su "David” es una obra pornográfica y desproporcionada.

¿Qué valor tienen esas opiniones?

En ningún momento quiero comparar la obra de Miguel Ángel con la de Susana Solano o la de Velázquez con la de Nuria Ricart, ya que sería completamente absurdo. Hablamos de conceptos y épocas diferentes.

De Nuria Ricart, apenas tengo referencias (me pongo deberes), pero a Susana Solano ya la estudiábamos hace más de treinta años. Ella es una de las escultoras referentes de las últimas décadas en España.

Como todo en esta vida, te puede gustar más o menos, puedes tener unas preferencias u otras, pero lo que no podemos pasar por alto, es la importancia que ha tenido y tiene el trabajo de dicha escultora a nivel nacional e internacional.

No se trata de gustos, o por lo menos no debería ser así, se trata de intentar abarcar un poco más, abrir, si, abrir los ojos, pues cuando se abren de verdad, es la mente la que se pone a funcionar...

Puedo estar equivocado o ser un completo ignorante, pero no puedo negar la evidencia.

Susana Solano es testimonio de la escultura dentro y fuera de nuestras fronteras y eso merece un respeto, aunque al igual que pasa con grandes artistas de la historia, no todo lo que hacen tiene porqué ser bueno, cualquier artista tiene obra mediocre, aunque con esto no quiero decir que la obra recientemente instalada en Barcelona lo sea. Personalmente, me gusta, no así tanto la intervención de Nuria Ricart.

El problema que tengo con obras como las de Ricart, es simplemente que me cuesta identificarlas como escultura. Intervenciones o instalaciones de este tipo con más o menos acierto artístico en el que se colocan determinados elementos para conformar la obra, los veo como eso mismo, «intervenciones». Puede que estas sean sensacionales, que tengan un gran valor artístico o que su aspecto comunicativo llegue al público de una manera sorprendente, pero desde mi punto de vista están lejos del concepto «escultura».

Trabajos de este tipo ocupan por lo general un espacio tridimensional y, por lo tanto, puede que esto nos lleve a engaño. No todo lo que tiene tres dimensiones es escultura, ni lo que tiene dos, pintura. No hay música sin afinación, sin sentido en las notas, ni orden en la composición. El ruido no es música ni el volumen escultura.

Por otro lado, cuando un artista interviene sobre una escultura de otro autor, generando una obra nueva, ¿a quién pertenecería el concepto escultura? ¿podría llegar a desaparecer este término para convertirse en instalación?

Si bien, «La Venus de los trapos» de Pistoletto está conformada por una copia de Praxiteles y una montaña de trapos, me cuesta entenderlo como escultura. Parece una contradicción, algo sin sentido el que un espacio donde existe la escultura no sea considerado como tal. Podría llamarlo «conjunto escultórico», pero francamente, me cuesta.

Me cuesta entender como escultura, una serie de tumbonas colocadas en una galería de arte, un montón de bicicletas apiladas o cientos de libros formando un muro. Algunos casos de estos, pueden estar llenos de sensibilidad o crítica, nos pueden parecer poesía, pero ¿qué le parecería al poeta? Quizás estén cargados de sentimientos o emociones, pero ¿dónde está el verso, la prosa, las letras o las pausas? ¿Es realmente poesía o una emoción?

Me cuesta entender y me parece ofensivo llamar escultura a un vaso con agua colocado en una peana o una “obra invisible”.

Me cuesta entender como escultura dotar de color a piedras, pintar un bosque, cubrir con telas edificios o llenar una piscina con alambre de espino y, sobre todo…

Me cuesta entender la escultura sin la intervención del escultor, sin apreciar el oficio, las horas de taller, las manos manchadas, el sello del autor, la materia vencida y el espacio domado.

Me cuesta tanto…

Maneja el término con cuidado...



The Traveling Wilburys - Handle With Care

martes, 9 de noviembre de 2021

Carta abierta a la Dirección General de Tráfico

Desde hace tiempo vengo observando de camino al trabajo, en viajes por carretera y en paseos por las calles de mi ciudad, un detalle del que desconozco si al común de los mortales les ha pasado desapercibido o, por el contrario, también han sido testigos del mismo.

Todos estamos de acuerdo en que las normas de circulación están hechas para ser respetadas y es precisamente ese respeto el que hace que la siniestralidad sea cada vez menor.

Curioso, o por lo menos paradójico, me resulta ese detalle que tengo presente a menudo en mi cabeza, pues un vehículo destinado a la ayuda de los conductores (por lo general vinculado a un seguro) es el protagonista de esta carta.

Me llama poderosamente la atención la forma de muchas grúas y su plataforma destinada a recoger medios de transporte averiados. Un diseño que en su parte trasera termina en una cuña para que sea más accesible la subida del vehículo en cuestión.

A veces, incluso el mejor diseñador o el ingeniero más sobresaliente se pueden equivocar, como yo mismo en numerosas ocasiones, pero como dice el dicho, “rectificar es de sabios”.

Ver ese saliente en la grúa cuando esta, está aparcada, produce respeto, pero tenerlo cerca cuando te la encuentras en carretera da pánico. Tan solo hemos de imaginar un “volantazo” con tráfico denso y tener a la altura de la nariz o el cuello esa cuña. Desconozco cuantos accidentes o muertes habrán provocado este tipo de grúas (he de decir que no son todas), quizás ninguno, pero esto no significa que sea un riesgo extremo. Si yo voy con mi coche y sobresale de mi maletero algún objeto, probablemente me multen por poner en riesgo a otros conductores…

Me podrán decir que soy un exagerado, pero si con mi exageración puedo ayudar a evitar un solo siniestro, estaré tranquilo.

Estimados responsables de la DGT, tan solo les pido que revisen el diseño de ciertos vehículos, algo que ha observado un ciudadano cualquiera.  

Les adjunto una fotografía, pues una imagen vale más que 343 palabras.

Atentamente:

Santiago López 




domingo, 25 de julio de 2021

El reflejo del escultor

 

La escultura es materia, hierro, piedra, bronce o barro, en definitiva cualquier elemento susceptible de ser trabajado por el autor que, acompañado por la ausencia de material da sentido a la obra.

Pero...  ¿Qué es lo que la obra esconde? ¿Qué guarda en su interior? ¿Qué importancia tiene lo que por lo general no ve el espectador?

Una escultura, según su material, tiene una estructura interna, un negativo de lo que vemos, una masa que le da consistencia e incluso un espacio hueco que también puede ofrecer la misma función. Hasta la obra en la que aparentemente pensamos que no hay nada, tiene algo en su interior y es ese algo la parte más importante de la escultura. Hablamos del escultor.

Dentro de la obra está su creador, y es él, el que desde sus entrañas y el de la materia, nos brinda una imagen.

En lo más íntimo, en esa parte oculta ante nuestros ojos, está el reflejo del escultor. Años de aprendizaje, oficio, noches de insomnio, días interminables de taller, un edificio construido a base de éxitos y fracasos… La escultura es materia, sí, un ente perceptible al ojo humano, un sólido palpable que nuestras manos acarician, pero carente de sentido sin lo anteriormente citado.

La presente obra es un reconocimiento a la labor de quien realiza la escultura, esa figura situada frente al espejo de un recinto aparentemente vacío pero cargado de contenido. La obra escultórica va más allá de la peana que la sustenta, el museo o la galería que la alberga, es parte del viaje de alguien que ha optado por el oficio más bello… es, «El reflejo del escultor».