Les invito
a recorrer un camino donde el tiempo parece detenerse. En un presente dominado
por la inmediatez digital y la generación invisible de la inteligencia
artificial, esta muestra nos devuelve a la raíz: el proceso, la mano y la
materia.
A dos
siglos del nacimiento de la fotografía, esta exposición rinde homenaje a la cianotipia,
pero lo hace desafiando su propia naturaleza. Aunque el icónico Azul de
Prusia late en el origen de estas obras, aquí el espectador se verá
envuelto en una atmósfera distinta: tonos sepia, tierras profundas y negros
rotundos que evocan la sobriedad y el misterio del siglo XIX.
Cada
pieza expuesta es el resultado de un ciclo completo de creación absoluta. No es
solo una imagen; es un objeto nacido de la voluntad del autor, quien ha
intervenido en cada etapa del camino:
La
mirada: Capturas de paisajes naturales, rincones urbanos y detalles
arquitectónicos.
La
técnica: Desde la toma, el revelado digital hasta la delicada
sensibilización química del papel.
El
marco: Construido artesanalmente para proteger y dar contexto a la obra.
Frente
a la imagen que desaparece con un click, reivindicar la imagen que
permanece, la que se mancha las manos y la que respeta el legado de los
pioneros.


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