Escultura, Arte y Música

Escultura, Arte y Música



viernes, 16 de noviembre de 2012

Aquellos maravillosos años


Como sabéis, en este blog hay un apartado en el que suelo incluir algunos videos musicales que a mí particularmente me gustan. Música que suelo escuchar de vez en cuando y que dependiendo de mi estado de ánimo me acompaña en las tareas cotidianas.

Desde que tengo uso de razón he escuchado en mi entorno todo tipo de música, sobre todo por la gran suerte de tener siete hermanos con gustos distintos. Sumado a esto, mis padres, familiares, familia política, amigos o el entorno donde me he movido han sido referentes en mis gustos musicales.
Como todo en la vida cambia y mis gustos no podían ser menos. Lo que me gustaba hace años ya no lo escucho, (esto no signifique que me dejara de gustar) y lo que hace tiempo no me imaginaba que escucharía, es música que va conmigo a todas partes.

Suelo escuchar todo tipo de música, no obstante he de reconocer que en estos momentos “el blues” lo tengo entre mis preferencias.
Hay temas que aunque los tenga en la memoria hace mucho tiempo que no los pongo en el viejo tocadiscos o en la pletina. A algunos esto les sonará a chino, pues son objetos casi de coleccionista. Tenía su encanto el ruidillo de los surcos del vinilo o el rebobinar las cintas de cassette con un “Bic”. Tampoco hace tanto tiempo.

Reorganizando cajones me he encontrado con esas cintas de cassette y algunos discos que pensaba perdidos. Música que escuchaba hace años y que me traen recuerdos de todo tipo.
Música que quiero compartir, y que gracias a internet está disponible para todo el mundo.

Os dejo unos enlaces de música de aquellos maravillosos años en los que bien por edad o por inconsciencia, la crisis no nos afectaba tanto.
Esta lista no tiene un orden de preferencia, simplemente ha salido así. Son buenas canciones que de vez en cuando me gusta volver a escuchar.

Joan Manuel Serrat / Romance de Curro el Palmo
Aguaviva / Poetas andaluces
Georges Moustaki / Ma Liberté
Joan Baez / Donna Donna

Cat Stevens / Oh Very Young
All Stewart / Year Of The Cat

The Beatles / Let it Be
Yes / Owner Of A Lonely Heart

Simon and Garfunkel / Sound of Silence
Rolling Stones / Angie
Lluis Llach // Que tinguem sort

 

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Hace ya un año

Hoy día 14 me disponía a colgar un post nuevo pero he decidido no hacerlo debido a la huelga general.
Como ya estaba metido en el blog y aprovechando que en estos días hará un año que estuve exponiendo en Bruselas en Capa Escultura, rescato de un periódico digital un breve resumen de lo que escribí acerca de la exposición. 

Imaginarme una masa sólida que juega con su entorno y acariciar el espacio dejando huella de ello es uno de mis objetivos a la hora de realizar una escultura.

Son años de trabajo en los que, a medida que voy creciendo, adquiriendo más conocimientos y experiencia, mi obra va evolucionando. Mi escultura actual e incluso la que está por nacer, tiene y tendrá manifiestas referencias de lo creado con anterioridad. Claro ejemplo de esto son las obras que presento en la Galería Capa Esculturas de Bruselas, una exposición en la que predomina el estudio del plano y el vacío. El material y el hueco generado son parte fundamental de un todo, el ojo recorre el contorno e invita al espectador a adentrarse en la obra. Los planos bidimensionales se convierten en espacios habitables, en entornos arquitectónicos o ambientes urbanos. Las esculturas de la exposición nos invitan a poseer un pedazo de plaza o calle en nuestro propio entorno. Ideo la escultura desde un punto de vista universal, absolutamente todo el contorno es fundamental, me imagino que estoy en su interior y observo de dentro a fuera, así es como concibo mi trabajo.

La concepción de las obras también cambia dependiendo del estado personal del autor. Unas ocasiones la escultura es contemplada hacia su contorno, otras veces es necesario poder “circular” por su interior y sentirse protegido.

En algunas esculturas plano y volumen se unen, generan unas piezas rotundas, equilibradas gracias a un punto de fuga que conecta en la base ambos conceptos. 

 


 



lunes, 5 de noviembre de 2012

Viajes II (Rodin)


Recientemente he pintado parte de mi casa, y como podréis comprender se pone “patas arriba”. Recoges trastos que considerabas perdidos, vacías librerías, estanterías y descuelgas cuadros. En definitiva, preparas las paredes para dar a tu casa un nuevo color.

Cuando uno tiene niños de corta edad las paredes se convierten en grandes lienzos para ellos, y las rozaduras y los “grafitis” hay que ocultarlos para dar un aspecto nuevo.

Con el rodillo en las manos vas ocultando el pasado de unos años y te vas dando cuenta de que tus hijos están creciendo. Se van haciendo más responsables, aunque a decir verdad te alegra que ya no usen la pared para sus juegos.

Un nuevo viaje comienza.
Tu casa “empapelada” te vuelve a recordar la obra de Christo, con sus monumentales montajes. Mientras vas pasando el rodillo cargado de pintura te imaginas los grandes frescos realizados en siglos pasados. La maestría de grandes autores que dejaron su impronta para nuestro regocijo.
Terminas de pintar y hay que organizar el caos que tienes ante tus ojos.
Las manchas provocadas por esos botes de pintura derramados crean un “Pollock” en tu pasillo, que rápidamente hace desaparecer la fregona. 
Esa parte de tu casa está limpia, no hay nada en el suelo y las paredes esperan acoger de nuevo esos cuadros que días antes descolgaste. Parece mentira, pero esas pinturas, dibujos, grabados y fotografías parecen otras. Lo ves todo más luminoso y recibes su agradecimiento obsequiándote con una nueva imagen, quizás una nueva lectura.
El pequeño viaje experimentado con tus libros resulta gratificante, y aunque tardes más de lo esperado en recolocarlos, merece la pena volverlos a abrir, a olerlos mientras disfrutas de imágenes de todo tipo.
Había olvidado lo importante que fue para mí leer y ojear ciertos libros. Conocer más profundamente a ciertos autores, saber de sus apasionadas vidas y entender el porqué de sus pinceladas. Es en ese momento, cuando me tropiezo con un libro de Rodin, y recuerdo un viaje a París en el que tuve la oportunidad de visitar su Museo.
Cuando haces un viaje corto y tienes tanto que ver, tienes que seleccionar tus prioridades, y así hice. Pude haber visto Los Inválidos u otros lugares de interés, pero mi pasión por la escultura no me permitió hacerlo, allí había algo que me atraía.
Entrar en aquel lugar y recorrer las salas es algo que hay que vivir. Te transportas a otra época y sientes la presencia del autor en su obra. Allí pasó gran parte de su vida, y allí nos dejó una gran lección materializada en ESCULTURA.
Paseas por el jardín, por sus dos plantas, cruzas la mirada con otros visitantes y te reconoces en ellos cuando les ves los ojos vidriosos. ¡Qué sensación! No solo me sucede a mí y la emoción es compartida. El idioma es universal y entiendes perfectamente lo que allí acontece. Un trabajo formidable en un estupendo entorno, ¿qué más se puede pedir?

Hablar de ciertas cosas que te superan, es muy complicado y es lo que me pasa en estos momentos, pues la obra de Rodin te deja sin palabras. No puedo decir una obra en concreto, ni un tema representado y no me quedo con la obra en conjunto. Me quedo con todo.
La tarde que pasé en ese lugar mágico es lo que tengo registrado en mi retina, y en ese registro guardo sobre todo las miradas de los visitantes, cómplices a veces, cuando tus manos se acercan y tocan las obras, cuando ellos miran hacia otro lado para posteriormente hacer lo mismo que tú.
¡Si! La escultura hay que tocarla, y si no te dejan, busca el momento si de verdad pide ser tocada, puesto que hay esculturas que si no se tocan es como si las vieras a medias. (Ya hablaremos de esto en otro momento).
Vuelvo a mis obligaciones, cierro el libro y lo coloco en su sitio, esperando abrir otro algún día, que me recuerde un futuro viaje.